Maldito Buey

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Coincidiendo con nuestra reciente estancia en Dono Manga, el viernes anterior a nuestro regreso nos comento una de las monjas: “nos han traído a un chico de unos 10 años con unas lesiones graves, un buey le ha corneado la cara, tiene fracturada la mandíbula inferior por dos sitios y unas heridas muy feas”.

No le dimos mucha más importancia al asunto, no era una cosa de ojos, pero vista la complejidad del caso fue inevitable que  preguntáramos -y ¿qué vais a hacer?

No se¨¨, respondió la monja,  ¨el doctor….(no recuerdo el nombre) quiere evacuarlo al hospital de Gundi”. En esta ocasión en el hospital de Dono Manga  había un médico (muchas temporadas no hay ningún facultativo) chadiano muy accesible y cercano, a lo mejor en eso influía el hecho de que anteriormente había sido ats y solo posteriormente se licenció  en medicina; no es una crítica, pero en aquellas partes del mundo buena parte de los médicos están levitando bastante por encima del nivel del resto de sus congéneres. El caso es, que aunque casi no coincidimos con él, establecimos cierta relación.

Una de las cuestiones que surgieron durante nuestra estancia, fue la de hacerle llegar a los de  Pikolín, una petición, para que enviaran unos colchones nuevos para sustituir a los que donaron en su momento. Diez años de uso, habían llevado a un estado ruinoso a buena parte del mobiliario hospitalario. Para darle más credibilidad a nuestra solicitud,  pensamos que sería buena idea llevar una carta original tanto de la directora de gestión como de la directora médica del centro.

El sábado por la mañana y ya terminando de hacer las últimas gestiones me di cuenta de que habíamos olvidado hacer la dichosa carta. Me encamine al edificio de oficinas, único lugar en el que había una impresora para editar los documentos. Cuando me marchaba venía el médico chadiano. Muy amablemente me sonrió, “que tal preparando ya las maletas? -si en eso estamos, por cierto que ha pasado con el chico corneado?.

“Nada sigue hospitalizado, ayer hablé con los del hospital de Gundi, me dijeron que sí, que tienen placas y tornillos para poderle estabilizar el hueso roto y que lo enviemos, pero el padre ha ido a buscar dinero para pagar la operación y de momento no ha regresado”. ¨Ayer me dijo que sólo tenía los 20.000 francos del combustible de la ambulancia y que de los 100.000 de la operación sólo había conseguido que le dejaran algo, todavía le faltaban las dos terceras partes.

“Lo mismo  no trae el dinero, como las lesiones aparentemente no son graves, no sé lo que pasará”. -Y no puedes hablar con los de Goundi y explicarles el caso? le comenté.

“Hace como dos años allí también estuvieron también a punto de cerrar, por cuestiones económicas, son centro de referencia para una zona muy amplia, les llegan muchos casos desesperados, al final decidieron que si no se paga una cantidad no atienden a los pacientes y no hacen excepciones”. Aunque yo ya me temía la respuesta, necesitaba que me lo confirmaran –Y no lo puedes mandar a ningún centro estatal de Ndjamena? le insistí. “No, primero hay que mandar una petición escrita, luego a los días o meses te contestan, y no siempre,  habitualmente para decirte que no tienen medios”.

Un poco abrumado ante la falta de alternativas volví a interrogarlo: -Y entonces que haras, se la va a infectar la herida”. “ Si ya lo se, si mañana no regresa el padre le coseré las heridas y le daré de alta”.

Yo me quede impactado con la respuesta, y no  porque no me la esperara, tal vez era que no lo queria oir, -Pero si no le estabilizas el hueso no va a poder comer, aquí es casi imposible que pueda alimentarse a base de liquidos, lo estas condenando a muerte” .

Todavía no se porque le dije eso, no porque no fuera probable que se cumpliera mi predicción, la alimentación parenteral es inexistente en aquellas tierras y una dieta liquida para varios meses es impensable que pudiera conseguirla.

No olvidaré nunca la mirada con la que me respondió el médico chadiano, no entendí bien lo que me decía, mi francés es muy malo, pero no hacía, faltan sus ojos me lo decían todo “y tu que vienes de la rica Europa me estas preguntando esto”.

Conforme volvía hacia nuestras habitaciones muchas ideas se agolpaban sobre mi cabeza, como puede ser que en todo el Chad no haya quien arregle esto… este chico se va a morir… el padre seguro que se está divirtiendo y pasa del asunto… y los de Goundi como se pueden llamar cristianos… y las monjas del hospital esto ya habrá pasado otras muchas veces…

Tuvo que pasar un buen rato hasta que pude pensar con normalidad. Pero de que estabamos hablando, el chico necesitaba 75.000 francos menos de 120 euros, volví sobre mis pasos y nuevamente me fui hacia el médico chadiano, afortunadamente allí continuaba.

-Y si les doy el dinero que falta que pasa?, “pues nada” me respondió con una media sonrisa, llamo a los de Goundi y preparamos la ambulancia, con suerte lo operaran esta tarde”.

Me fui avergonzado a buscar el dinero, y con una sensación amarga que tampoco sabría explicar: posiblemente por tenerlo, por no haber sabido ofrecerlo en cuanto conocí los primeros argumentos de esta historia, por querer culpar a otros de lo que estaba pasando, porque nadíe tuvo la confianza para pedírnoslo, no lo sabía y sigo sin saberlo, lo cierto es que no me siento orgulloso de este episodio, su existencia ni siquiera la conocen todos los que me acompañaron en nuestra expedición.

Yo soy algo supersticiosos y me cuesta creerme que las cosas ocurren porque si, tal vez por eso no dejo de pensar que el destino quiso que nosotros estuviéramos esos días en Dono Manga,  y también pienso que si  nosotros seguimos pudiendo ir allí, es porque hay mucha gente detrás que nos lo permite, personas que nos ayudan con los papeles, con la memoria, con las gafas, con los carteles, con los videos, con la difusión, con la web con….

 

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